Revista de Estudos Sociais | Ano 2014, N. 31, V.16, Pag. 81 Soberan?a alimentaria en la senda de la cohesi?n social Soberania Alimentar no Caminho da Coes?o Social Jes?s Vicens1 RESUMEN: El hambre en el mundo sigue siendo un problema grave. En el 2010 el n?mero de personas desnutridas, seg?n el informe de la FAO, alcanz? la cifra de 925 millones. En este art?culo quiero presentar, primero, la necesidad de cambiar el sistema mundial dominante de alimentaci?n, basado en la agricultura intensiva, semillas de alto rendimiento, y uso de fertilizantes. Despu?s de 50 a?os de implantaci?n ha fracasado social y ambientalmente. Los mercados globales han creado mayores desigualdades y una pobreza m?s profunda. Por ello, la sostenibilidad es un objetivo humanitario fundamental y un asunto de justicia. Segundo, sostengo que la agricultura ecol?gica es un sistema que favorece a la gente, practicado por comunidades locales en ?frica y en otros continentes. Voy a presentar algunos ejemplos del Informe del Worldwatch Institute, State of the World 2011. En tercer lugar, voy a relacionar el sistema agr?cola industrial con el calentamiento global. La agricultura intensiva es dependiente del petr?leo en su producci?n, extracci?n, transporte y uso de energ?a. Podr?a ser un sector renovable si el sistema de producci?n alimentaria cambiase a peque?a escala, y para beneficio principal de las poblaciones locales y regionales. La reducci?n de emisiones ser?a visible. Otro ?mbito de atenci?n, es la agricultura urbana, donde la poblaci?n de las ciudades podr?a estar bien nutrida mediante la aplicaci?n de los principios ecol?gicos. Existen actualmente 800 millones de personas que practican la agricultura urbana en el mundo, y producen entre el 15 y el 20% de la alimentaci?n mundial. Finalmente, hay estilos de vida que preservan el bien com?n. La conclusi?n aqu? se basa en comprender que la soberan?a alimentaria restituye el bien com?n. Palabras clave: Soberan?a alimentaria, agricultura ecol?gica y urbana, calentamiento global, resiliencia comunitaria, cohesi?n social. ABSTRACT: Hunger in the world remains a serious problem. In 2010 the number of malnourished people reached 925 million, according to a FAO report. This paper will first of all present the need to change the world?s current food system, based as it is on intensive agriculture, high yield seeds, and a use of fertilizers. It has failed both socially and environmentally following its 50 years of implementation. Global markets have created greater inequalities and deeper poverty. Sustainability is a humanitarian, fundamental goal and a question of justice. Secondly, I contend that ecological agriculture is a system that favours people, practiced by local communities in Africa and on other continents. I will present some successful examples from the State of the World 2011, Worldwatch Institute Report. Thirdly, I intend to correlate the industrial world?s agricultural system with Global Warming. Intensive agriculture is oil dependent, for its use of energy, transport, extraction, factories. This could be a renewable sector if the food production system were changed to become small scale, and for the benefit of local regional populations. The reduced emissions would then be fairly visible. Another ambit to focus on is urban agriculture - city populations could be well nourished through using ecological principals. Right now 800 million people are engaged in urban agriculture around the world, and produce between 15 to 20% of the world?s food. Lastly is there are ways of living that preserve the common good. The conclusion considered here is based on the understanding that food sovereignty restores this common good. Key words: Food sovereignty, urban and ecological agriculture, global warming, community resilience, social cohesion. C?digo JEL: O10; 015 1 Universidad de Barcelona Ano 2014, N. 31, V. 16, Pag. 82 | Revista de Estudos Sociais 1. CONTROVERSIA: AGRICULTURA INTENSIVA O SOSTENIBLE El hambre en el mundo persiste despu?s de 50 a?os de agricultura industrial. ?sta, utiliza mucho suelo f?rtil, mucha cantidad de agua, que extrae de grandes embalses, que alteran el curso de los r?os, semillas muy reactivas y monta?as de fertilizantes, sin permitir que los suelos puedan restituirse. Estas son las bases de la agricultura industrial. Los datos de la FAO (Organizaci?n de las Naciones Unidas para la Alimentaci?n y la Agricultura) abren un importante debate. ?Debe ser la agricultura macro intensiva, con todos los factores ya mencionados, la direcci?n a seguir, o se debe avanzar hacia un modelo ecol?gico? ?Deben ser los mercados globales el contexto principal de desarrollo o se deber?a mirar a las comunidades locales como el sendero adecuado para el mismo? 925 millones de personas en el mundo en 2010 estaban desnutridas, sin suficientes alimentos para sobrevivir (Halweil y Nierenberg, 2011: 4-5). La agricultura se encuentra atrapada en un gran dilema. Los medios dominantes de producci?n son dependientes del petr?leo en un momento de la historia donde las energ?as f?siles han alcanzado el pico de su producci?n (Deffeyes, 2001). La agricultura intensiva est? poniendo en peligro la fertilidad de los suelos, con un uso excesivo de agua, en un momento donde su escasez en muchos pa?ses del sur les lleva a una situaci?n l?mite. La biodiversidad est? seriamente declinando, a pesar de su enorme importancia tanto para proteger la calidad de la vegetaci?n, como para la supervivencia del planeta, y se valora como la sexta extinci?n masiva (Normander, 2012: 311-323). Los precios de los alimentos fluct?an en el mercado, dispar?ndose, por la presi?n creciente del consumo de carne, especialmente en Asia, por presiones en producci?n de trigo en ?frica, y de biocombustibles en Europa y Norte Am?rica (Halweil y Nierenberg, 2011: 5). La agricultura industrial y la agricultura ecol?gica empujan en direcciones opuestas. Por esta raz?n estamos ante una cuesti?n pol?tica y de paradigma econ?mico (Nomander, 2012: 313). La primera opci?n expulsa a los seres vivos fuera de sus h?bitats, hacia la extinci?n, beneficiando a una parte de la humanidad, la 1/5 que gobierna la econom?a global, perteneciendo a la clase consumidora. La segunda opci?n integra la biodiversidad y atiende a todas las poblaciones humanas, pero implica una renuncia significativa al consumismo, la mayor?a del cual es superfluo y destructivo. Requiere llevar a cabo cambios culturales de calado, donde la felicidad no se confunda en tener m?s objetos materiales. Exige permitir que las comunidades de ?frica, Latino Am?rica o Asia produzcan sus alimentos para ellos mismos. Hay una dificultad compleja en este cambio, algo esencial en medio de todo esto, y es reorientar los bienes comunes: bosques, oc?anos, atmosfera y otros, a favor de todos, reduciendo el ego?smo individual y la cultura consumista. Tanto los recursos naturales como los servicios de los ecosistemas, es decir, los beneficios gratuitos que proceden de los ?rboles, las zonas h?medas, la atmosfera, los oc?anos, etc., son bienes comunes que deben restituirse de su privatizaci?n y protegerse del inter?s particular. La agricultura ecol?gica, cercana a los ecosistemas y a la regeneraci?n de los suelos, est? en un proceso que contribuye a rehacer la biodiversidad. Tiene en consideraci?n los ritmos m?s lentos de la naturaleza a diferencia de la Revista de Estudos Sociais | Ano 2014, N. 31, V.16, Pag. 83 aceleraci?n de las sociedades industriales, y considera la biodiversidad de los cultivos una manera de enriquecer los suelos. Es una forma apropiada para construir sistemas de alimentaci?n para la gente y sus comunidades. La urgencia del hambre en el mundo en desarrollo no genera suficiente confianza en las instituciones p?blicas y autoridades sobre los m?todos de producci?n sostenible. A pesar de ello, la gente, especialmente las mujeres, saben que es una soluci?n real para aliviar el hambre. Y, donde las autoridades locales y las comunidades participan juntas en estos procesos, como sucede en ?frica y otros lugares de Latino Am?rica, mejoran la nutrici?n y la salud. Por ejemplo, en los pa?ses en desarrollo, cultivar alimentos en las ciudades, donde vive la mayor?a de la poblaci?n mundial actualmente, no es un pasatiempo sino una necesidad. Estudios llevados a cabo en ciudades de ?frica muestran que las familias que participan en la agricultura urbana, comen mejor, medido en calor?as y prote?nas, o en relaci?n al ?ndice de crecimiento infantil (Karanja y Njenga, 2011: 118). En ?frica Subsahariana es donde m?s confianza hay en esta cuesti?n, as? como en la producci?n de alimentos y los ingresos que genera. Un tercio de los habitantes urbanos del este de ?frica, de sus pueblos y ciudades, est?n inmersos en la agricultura. El n?mero de familias del oeste de ?frica que practican la agricultura urbana var?a entre un 50% en Dakar (Senegal) y un 14% en Accra (Ghana). En Dar es Salaam (Tanzania) el 60% de la venta de leche se produce en la misma ciudad (Lee-Smith y Prain, 2006). Cuba es un caso especial ya que depende de la agricultura urbana sin haberlo buscado. El 90% de los productos consumidos en La Habana son cultivados dentro o cerca de la ciudad. El embargo de Estados Unidos, que se mantiene desde los a?os 90, ha desafiado la habilidad de la gente cubana para obtener alimentos. Las autoridades p?blicas crearon una amplia red local en la que tom? parte la gente para conocer las tierras no cultivadas de su radio de influencia, las semillas y la situaci?n del agua (Halweil y Nierenberg, 2007: 52). Cuando asistimos a este debate es importante introducir la cuesti?n de la cohesi?n social: ?Puede la agricultura ecol?gica, que est? m?s cerca de las comunidades, reforzar tambi?n los lazos entre la gente y mejorar su interacci?n, y capacitar as? posibilidades de innovaci?n social? En este proceso, ?podr?a hacerse m?s visible la contribuci?n particular de las mujeres, quienes han ido acumulando mucho conocimiento en los pa?ses en desarrollo a lo largo de los a?os? Esta cuesti?n se presenta como una alternativa a las consecuencias de la agricultura industrial al haber fracasado para alimentar a la poblaci?n. A lo largo de la orilla del r?o Gambia, un grupo de mujeres ha tenido ?xito en llevar adelante una gesti?n ambientalmente sostenible en el cultivo de ostras. ?sta, es una fuente de alimentaci?n para 15 comunidades que re?ne alrededor de unas 6.000 personas. Decidieron prohibir la recogida de ostras durante un a?o. Al a?o siguiente, las ostras eran m?s grandes y los precios un poco m?s altos y los comerciantes locales y consumidores estuvieron dispuestos a pagarlo. El colectivo de mujeres logr? recuperar y conservar los manglares, creando viveros para potenciar las reservas salvajes. Tambi?n se abrieron a los restaurantes locales y hoteles de turistas (Halweil y Nierenberg, 2011: 3). El marisco, representan una tercera parte de las prote?nas consumidas en el mundo y el 15% de las calor?as de la poblaci?n mundial, m?s en los pa?ses pobres y en buena parte de ?frica Occidental (2011: 4). Ano 2014, N. 31, V. 16, Pag. 84 | Revista de Estudos Sociais Es un buen ejemplo de sostenibilidad. De una intervenci?n ambiental que incorpora la dimensi?n temporal. Se pueden obtener mejores ingresos al no forzar los ritmos naturales. Actualmente muchas pesquer?as est?n en peligro por haber excedido su capacidad de renovaci?n (Halweil y Nierenberg, 2008: 80-82). El equilibrio temporal est? presente en las discusiones sobre sostenibilidad, ya que el mundo moderno est? basado en la aceleraci?n del tiempo (Vicens, 2004: 39-58). Es un punto clave en nuestras econom?as modernas, donde apenas la temporalidad ha sido considerada una dimensi?n de la realidad, como s? lo ha sido la materia, al ser, ?sta ?ltima, una realidad m?s tangible. Los ritmos naturales, la parte m?s biol?gica de la dimensi?n temporal, se han percibido como secundarios, poniendo la fertilidad de los suelos y los ecosistemas en riesgo de perder su capacidad de crear y enriquecer la vida (Adam, 1998: 23- 59). Los movimientos sociales y ecol?gicos, que se presentan como alternativas a las sociedades modernas aceleradas, dan importancia a la dimensi?n del tiempo. Los conocidos movimientos lentos consideran la producci?n de alimentos, el cocinarlos y comerlos, como interacciones sociales. Se trata de una relaci?n entre el tiempo y la gente donde el actor principal es la interacci?n social misma (Milano, 2011: 86). Los autores Halweil y Nierenberg visitaron en 2009 y 2010, 25 pa?ses del ?frica Subsahariana, donde hay un gran problema de hambre, con 1/3 de la poblaci?n desnutrida. Los investigadores quisieron tomar notas y reunir historias de esperanza y ?xito en agricultura que les explicaba la gente local. En Malawi, por ejemplo, vieron t?cnicas de mejora de la eficiencia, usadas por m?s de 120.000 agricultores, plantando ?rboles que fijaban el nitr?geno para su posterior cultivo de ma?z, multiplicando por cuatro la eficiencia, sin utilizar ning?n tipo de fertilizantes. Quer?an presentar comunidades, pa?ses y compa??as como referencias de caminos hacia un futuro sostenible (Halweil y Nierenberg, 2011: 6). Es necesario cambiar el sistema de alimentaci?n mundial para cambiar la direcci?n industrial de la agricultura a una m?s sostenible y reforzar los principios ecol?gicos que pueden restituir el equilibrio y la vitalidad de los ecosistemas mediante la biodiversidad. Cuando desaparecen estos principios, las bases de la producci?n de alimentos se reduce y la seguridad alimentaria para las generaciones futuras est? en riesgo. La sostenibilidad es una cuesti?n central de justicia. Donde el suelo, el agua y la biodiversidad se pierden o se reduce, significa que las bases de la seguridad est?n en peligro. El continente africano es cada vez m?s un banco de pruebas, rico y diverso en materia de agricultura. Por ejemplo, hay una cooperativa de huertos de tejado que suministra alimentos a la ciudad de Dakar (Senegal), que podr?a servir como ejemplo para orientar a los barrios pobres en Nueva York, zonas urbanas deprimidas. Es un ejemplo de c?mo transferir buenas iniciativas de pa?ses del sur a pa?ses del norte, con situaciones comparables de escasez de alimentos (2011: 7). Peque?os agricultores en todo el mundo pueden hacer mucho para solventar el hambre, mitigar el calentamiento global, y reducir el uso de agua en la agricultura y hacer que haya m?s agua disponible. Sus innovaciones y experimentos, cuando son compartidas por las comunidades, pueden aplicarse a gran escala y llevar alimentos a la mesa de millones de personas y con ello cambiar el sistema de alimentaci?n mundial. La agricultura engloba una gran parte del planeta. Haci?ndola saludable, significa una gran Revista de Estudos Sociais | Ano 2014, N. 31, V.16, Pag. 85 contribuci?n a la sostenibilidad global. Los peque?os agricultores tienen un rol importante en esta contribuci?n, reduciendo los fertilizantes qu?micos e introduciendo los org?nicos que nutre los huertos, pueden retener m?s agua de lluvia. Es una forma de cultivo que mantiene los suelos en mejores condiciones y asegura suficiente alimentaci?n. Ello supone tambi?n cambios en nuestra dieta consumiendo menos carne, cambios en los m?todos de cultivo en favor de aquellos m?s sostenibles, y cambios en los tipos de alimentos para que los locales est?n disponibles para la gente del lugar. 2. ECOAGRICULTUA: UN SISTEMA PARA LA GENTE Y LAS COMUNIDADES La agricultura ecol?gica va de la mano de los ecosistemas. Es una manera de utilizar la tierra para la producci?n de alimentos sin degradar su entorno. La agricultura se desarrolla para beneficio de los seres humanos, mientras que los ecosistemas trabajan para beneficiar al conjunto de los seres vivos. Desarrollar comunidades sin destruir la tierra donde habitan implica visiones del todo: de los humanos y de los seres vivos, un camino de mutuo respeto y beneficio (Canadell y Vicens, 2004: 77-99). Las t?cnicas suaves de cultivo, que utiliza, o ha utilizado tradicionalmente, la cultura propia de la alimentaci?n de cada regi?n, as? como, el conocimiento acerca de los ritmos de cada lugar, del cambio org?nico de las estaciones del a?o y de las caracter?sticas naturales espec?ficas, se adecuan a esta orientaci?n m?s sostenible. Las sociedades modernas, sin embargo, basadas en la producci?n industrial, la temporalidad lineal, y centrada en unas ?lites, ha abierto demasiados frentes contra si misma: hambre, pobreza, desigualdades entre millones de personas, cambio clim?tico, escasez de recursos naturales y de agua, y un planeta donde los suelos, el aire y el agua misma, est?n contaminadas en una gran extensi?n, y que produce un volumen de residuos que no llega a absorber. Uno de los principales frente bajo amenaza es la agricultura. Repensar la producci?n agr?cola cercana a los ecosistemas es colocarse en una perspectiva en favor de la regeneraci?n. Es una posici?n ?tica para la humanidad y las futuras generaciones. Algo que no puede eludirse, como dio a conocer el informe Brundtland en 1987 de las Naciones Unidas (UN.). Naturaleza y cultura han estado enfrentadas durante siglos de acuerdo a la cosmolog?a dual de Occidente que consideraba que la segunda deb?a someter y dominar a la primera. En consecuencia la crisis ecol?gica actual que grapa al conjunto del planeta, empuja hacia la necesidad de formular una nueva cosmolog?a, donde una visi?n no dual debe ser el referente central (Canadell 2005; 2007: 73-90) y devolver el acople entre la cultura y las culturas con la tierra y los ecosistemas. Para obtener suelos saludables se requiere recuperar los bosques, los r?os amenazados, las zonas h?medas, los manglares, y otros sistemas naturales, donde pueda haber una biodiversidad importante. En ?frica y en otras partes del mundo podemos encontrar sistemas agr?colas adaptados a los entornos del lugar, los cuales son respetuosos con el medio ambiente. Tienen actividades innovadoras, generalmente accesibles en diferentes pa?ses. Louise E. Buck, de Ano 2014, N. 31, V. 16, Pag. 86 | Revista de Estudos Sociais la universidad de Cornell, quien es tambi?n director del Program Partners Ecoagriculture Landscape y Sara J. Scherr presidenta y consejera del Partners Ecoagriculture (2011) sit?an la necesidad de recuperar los m?todos rurales de supervivencia como un aspecto importante y motivador de estas actividades. As? como, recuperar las formas de din?mica social de las comunidades que han implicado y valorado otras funciones en la agricultura. La producci?n no es la ?nica funci?n. Hay, por ejemplo, una preocupaci?n creciente por los suelos y los sistemas de agua degradados: r?os, lagos, acu?feros, como resultado de pr?cticas agr?colas que han sido corrientes pero que rompe estos sistemas y los contamina. Pr?cticas procedentes de la agricultura intensiva: mucha agua, semillas de alta reacci?n y muchos fertilizantes artificiales. Ello ha provocado que muchas plantas silvestres y especies animales est?n amenazadas. La expansi?n de las tierras de cultivo hacia los bosques, sabanas, y zonas h?medas, as? como los m?todos usados que incrementan los da?os a los ecosistemas, son causantes de estas amenazas y p?rdidas de sus h?bitats. Sin embargo, un giro hacia la agricultura ecol?gica hace que cada vez m?s haya una mirada a los agricultores como actores capaces de mitigar el cambio clim?tico por su habilidad en absorber di?xido de carbono en las plantas y los suelos, como resultado de generar paisajes ecoagr?colas diversos. Hay un inter?s en observar y confirmar si los agricultores son capaces de cambiar los sistemas mundiales de producci?n intensiva a ecol?gica. Es un aspecto pol?tico entre los bienes comunes o el beneficio privado y minoritario de capital financiero y las agroindustrias, que consideran la alimentaci?n una mercanc?a objeto de negocios. Para alcanzar un paisaje de agricultura ecol?gica, el cual implica producci?n agr?cola, desarrollo rural y gesti?n de los ecosistemas, los autores mencionan dos estrategias necesarias: una, introducir pr?cticas de producci?n ecol?gica en las explotaciones agr?colas existentes en lugar de seguir la producci?n intensiva; la segunda es articular una colaboraci?n entre todas las partes interesadas en acci?n para tratar con los recursos naturales y agr?colas en una forma integrada de la tierra (Buck y Scherr, 2011: 17-18). Las pr?cticas ecol?gicas y la participaci?n entre estos actores est?n en manos de la gente y pueden llevarlas a cabo. Las repercusiones de cada una van m?s all? de situaciones espec?ficas de cualquier comunidad o ecosistema. Hay una trascendencia impl?cita, m?s all? de resoluciones espec?ficas. Es importante ser conscientes de esto como un elemento de la nueva cosmolog?a no dual (Canadell, 2005). Un objetivo de la agricultura ecol?gica es incrementar la riqueza econ?mica de los suelos, as? como del agua y de la energ?a, y satisfacer las necesidades de las familias y las comunidades, mientras se suministran tambi?n productos, que se hallan en los mercados de la agricultura intensiva, con una calidad de origen para vender a escala local y mercados regionales. Un aspecto importante de este enfoque es la diversidad de los sistemas agr?colas en una variedad de combinaciones de cultivos. ?rboles, horticultura, apicultura, y otras formas de diversificaci?n agr?cola. Para alcanzar paisajes ecoagr?colas, que favorecen la soberan?a y seguridad alimentaria, y recuperan sistemas agua, o preservan la biodiversidad, un buen objetivo es implicar a las organizaciones de agricultores y las comunidades agr?colas a colaborar con los grupos Revista de Estudos Sociais | Ano 2014, N. 31, V.16, Pag. 87 responsables de gestionar los bosques, o cualquier otro ecosistema. As? como practicar la gesti?n adaptativa, esto es, ajustar los planes cuando fuera necesario para responder a cualquier imprevisi?n, situaciones cambiantes, y aprovechar los conocimientos comunitarios adquiridos (Buck y Scherr, 2011: 20-21). La agricultura, como otras esferas de la vida cotidiana: vivienda, salud, cultura, se ha puesto en el mercado para hacer negocios lucrativos en base a la cultura del consumo como su factor principal. Estos sectores de la sociedad mencionados son sistemas sociales b?sicos que generan interacci?n entre la gente. Por ello, el valor que se deriva de la experiencia de localidad hace que estas relaciones articulen un sentido de la vida y un estilo cultural propio de cada comunidad. No reduce la visi?n y percepci?n cosmopolita de la vida, sino que evita el reduccionismo de un solo estilo de vida, el consumismo de los pa?ses ricos, que ha puesto en estado de alerta ecol?gico al planeta y de riesgo de fisura social a la humanidad. Son valores m?s all? del lucro financiero generado en los mercados globales. Si la cultura de la localidad ocurre en pa?ses en desarrollo, donde hay un elevado nivel de necesidades b?sicas no cubiertas, como en ?frica, es f?cil encontrar innovaciones emergentes que buscan maneras de satisfacer las necesidades b?sicas, como la nutrici?n. La agricultura est? muy enraizada en la gente y es un marco real para hacer posible estas iniciativas. Tres ejemplos para ilustrarlo. Primero, en Tapajos, en el estado brasile?o de Par? donde los agricultores ind?genas han creado cultivos de ?rboles cercanos a las zonas protegidas de bosque en la periferia de las ?reas de producci?n intensiva. Haciendo esto han reducido la conversi?n de h?bitats naturales en producci?n industrial, mientras mejoran el valor del h?bitat de estas ?reas que ya est?n cultivadas, contribuyendo a crear una matriz benigna para los h?bitats fragmentados. Segundo, en Zimbabue hay un plan estrat?gico del paisaje con una zona de 8.000 hect?reas de pasto colectivo en Dimbangombe que proporciona un h?bitat importante para la fauna y flora dentro del parque nacional de Hwange y Zambezi. Una gesti?n previa de pastos pobres ha significado el deterioro en la calidad de la hierba, del suministro de agua y de la biodiversidad que mantiene la agricultura, la flora, la fauna y el turismo local. Los m?todos de supervivencia estaban en peligro y aquellas personas a cargo de la tierra introdujeron rotaci?n de pastos con un prop?sito innovador. Tercero, iniciativas en Kericho, Kenia, han capacitado a los miembros de la cooperativa local de t? y a peque?os agricultores a gestionar 8.000 hect?reas de plantaci?n usando Principios de la Plataforma de Iniciativas de Agricultura Sostenible. Los agricultores usaron cubiertas vegetales y cultivos entre las plantaciones de t?, para incrementar los niveles de materia org?nica, mientras el terrapl?n, el uso de agua en medidas micro y el drenaje preservan y enriquecen tanto el suelo como el agua. No utilizan insecticidas, ni funguicidas y hay terrenos de bosques, zonas h?medas, paravientos y barreras hechas en los m?rgenes de las tierras (Buck y Scherr, 2011: 21-22). Cada uno de estos ejemplos, y muchos otros, generan no solamente protecci?n ambiental, sino tambi?n cohesi?n social. La protecci?n ecol?gica va acompa?ada de la seguridad comunitaria, del empoderamiento de la gente que ve que sus tierras y sus comunidades se desarrollan en una matriz interdependiente de bienestar. No obstante, emergen dos cuestiones claves de la controversia entre la agricultura intensiva y la agricultura ecol?gica que la investigaci?n deber? seguir Ano 2014, N. 31, V. 16, Pag. 88 | Revista de Estudos Sociais en la observaci?n de los casos y el an?lisis de los experimentos. ?Qu? cambios deben hacer los sistemas de agricultura ecol?gica, en los paisajes ecoagr?colas, para satisfacer la demanda de alimentos cuando ?sta crece tan r?pidamente? ?Pueden competir econ?micamente con la agricultura del monocultivo, con sus semillas de alta reacci?n y recursos agroqu?micos? Los paisajes ecoagr?colas est?n pensados para satisfacer objetivos ecol?gicos, sociales y econ?micos, y deben ser evaluados en relaci?n con estos m?ltiples criterios de eficiencia que son las tres dimensiones de la sostenibilidad: medioambiente, sociedad y prosperidad. Las pr?cticas de la agricultura ecol?gica est?n promovidas, como se?alan Buck y Scherr, cuando la inseguridad alimentaria es alta, y la presi?n para intensificar la agricultura es igualmente alta. Tambi?n se promueven cuando el deterioro de los suelos es una barrera a la intensificaci?n de la agricultura y cuando los ecosistemas deteriorados amenazan la producci?n de alimentos y la sostenibilidad. Todo esto sucede cuando hay una reducci?n en los flujos de agua o en la calidad de la misma para irrigaci?n, como resultado de inundaciones o de la p?rdida de recursos de pastoreo (Buck y Scherr, 2011: 24). En los pa?ses en desarrollo en particular, el movimiento de soberan?a alimentaria ha reunido juntos a peque?os agricultores, trabajadores agr?colas, pescadores, pastores y artesanos, para devolver el control de la producci?n y el consumo a los sistemas de alimentaci?n local (2011: 25). 3. LA AGRICULTURA FRENTE AL CAMBIO CLIM?TICO El papel de los agricultores y de la agricultura en mitigar los efectos del cambio clim?tico puede ser relevante. El sistema agr?cola mundial es dependiente del petr?leo, como lo son otros sectores de la econom?a: la energ?a, el transporte, las industrias extractivas, entre otros. La econom?a entera se fundamenta sobre las fuentes f?siles de energ?a. La sostenibilidad, en cambio, se orienta en direcci?n a la descarbonizaci?n de sus fuentes de energ?a. Los m?todos de la agricultura sostenible, con una producci?n a peque?a escala y para beneficio de la poblaci?n local y regional pueden ser ejemplos visibles de reducci?n de emisiones de carbono. Un objetivo es contribuir a un cambio en este sector econ?mico primario muy sensible; de ser causa del calentamiento global, debido a su sistema industrial intensivo, puede pasar a ser reparador. Los agricultores pueden liderar con ello la seguridad para nutrir de alimentos a su gente y comunidades y a la vez mitigar las consecuencias negativas del cambio clim?tico para su gente. Ciertamente los ejemplos tienen todav?a poca relevancia cuantitativa, aunque son una referencia significativa donde mirarse aquellas comunidades que quieran optar por seguir la senda de la sostenibilidad de los cultivos. Una de las principales pol?ticas para reducir el calentamiento global ha sido invertir en plantaci?n de ?rboles que aumentan las ?reas de bosque y frenan la erosi?n del suelo. Sin embargo, aunque esta pol?tica se ha llevado a cabo como una estrategia para equilibrar los problemas que se han dado de calentamiento global relacionado con la agricultura (Brown, 2002: 166-182), hay Revista de Estudos Sociais | Ano 2014, N. 31, V.16, Pag. 89 un sentido general de que no necesariamente ha podido ser una pol?tica adecuada ya que ignora los resultados que se dan a gran escala. Por ejemplo, no tener en cuenta la matriz natural de las plantas locales y no reconocer las necesidades de un lugar espec?fico. Puede ser una pol?tica err?nea, que utiliza mucho capital con pocos resultados. El clima en ?frica y en muchos otros lugares del mundo ser? diferente en las pr?ximas d?cadas (Stern, 2007; Lobell y Burke, 2011:90). Poner la mirada en la investigaci?n y experimentaci?n que los agricultores locales intentan implementar puede ser una mejor estrategia. Los peque?os agricultores de ?frica y aquellos de otros lugares est?n llevando a cabo constantemente investigaciones. Ellos mismos hacen sus propias investigaciones en sus tierras, ?rboles y animales. Buscan soluciones cuando encaran los retos que tienen delante. Buscan las t?cnicas m?s apropiadas en funci?n de su propio entorno local (Letty, Noordin, Magagi y Waters-Bayer, 2011: 55). El cambio de paradigma para incrementar la superficie boscosa debe ser la regeneraci?n ecol?gica, gestionada por los agricultores locales desde perspectivas naturales. ?frica est? en la vanguardia de estas iniciativas. Chris Reij (2011) especialista en gesti?n sostenible de los suelos en el Centro de Cooperaci?n Internacional en la Universidad Libre de ?msterdam y un facilitador de las Iniciativas de Reverdecimiento de ?frica (Africa Re-greening Initiatives) nos informa de los agricultores de la regi?n de Maradi y Zinder, en el sur de N?ger. Han protegido y gestionado la regeneraci?n espont?nea de algunas especies forestales en sus campos en una superficie de 5 millones de hect?reas. Es un ejemplo de una actividad a gran escala en uno de los pa?ses m?s poblados de la regi?n. Ha producido la transformaci?n ambiental m?s grande del Sahel, y una de las m?s grandes de ?frica (Reij, 2011: 92-93). Los beneficios ambientales y sociales de estas iniciativas son significativos para asegurar la viabilidad de los proyectos que intentan regenerar la tierra deforestada. El autor menciona como beneficios ambientales la reducci?n de las temperaturas y de la velocidad de los vientos que provocan los ?rboles y evitan la evaporaci?n, mientras retienen el carbono e incrementan la biodiversidad. Algunas de las especies de ?rboles fijan el nitr?geno y mejoran los suelos. Y, como beneficios sociales est?n la seguridad alimentaria para las familias, en comparaci?n con los sistemas supuestamente m?s productivos; mejor resistencia en los periodos de sequedad, y un nivel m?s complejo que reduce el hambre, la pobreza y la mortalidad infantil. Reduce a su vez el tiempo de las mujeres para recolectar le?a, as? como, las disputas entre agricultores y pastores en estas ?reas regeneradas (Reij, 2011: 93). Combinando ?rboles, plantas y arbustos, con una observaci?n cuidadosa y una gesti?n de los agricultores y pastores, siguiendo ritmos m?s naturales, lleva al conjunto del sistema del paisaje ecoagr?cola a un equilibrio. No erosiona los suelos, como s? hacen las semillas de alta reacci?n, los fertilizantes y el uso de m?s agua. Tambi?n mejora la pol?tica de plantar un muralla de ?rboles, cuando solamente sobreviven entre el 20-30% despu?s de dos o tres a?os. Las pol?ticas ecol?gicas, sin embargo, protegen la tierra, sus comunidades, y mitigan las consecuencias del calentamiento global. Debemos reflexionar si las grandes estrategias, como la agricultura intensiva o la reforestaci?n intensiva, funcionan bien. El conocimiento de las experiencias locales y naturales y el rol central que juega la gente que gestiona y trabaja la tierra son m?s significativos cuando se Ano 2014, N. 31, V. 16, Pag. 90 | Revista de Estudos Sociais quieren explorar alternativas al sistema de alimentaci?n industrial. Los impactos producidos por la agricultura intensiva han alcanzado un l?mite en las posibilidades para la supervivencia. ?stas posibilidades abarcan los umbrales de sostenibilidad en t?rminos sociales: hambre, nutrici?n, seguridad y soberan?a, o en t?rminos ambientales: fertilidad, biodiversidad, agua y alimentos. Estos ejemplos de los agricultores protegiendo y gestionando la regeneraci?n espontanea de especies forestales en las explotaciones del Sahel, condujo a la Iniciativa de Reverdecer el Sahel en 2007 (Sahel Re-greening Initiative). Hab?a un programa instigado inicialmente en Burkina Faso y Mali en 2009 para incrementar los ?xitos, que m?s tarde se extendieron a N?ger y Etiop?a, con la decisi?n de ampliar el programa de los que hoy se conoce como Iniciativas de Reverdecimiento de ?frica (ARI, en ingl?s). Este proyecto ha identificado diferentes mecanismos acerca de aquellas actividades que tienen por objetivo transformar la desertizaci?n y deterioro de la tierra. Por ejemplo, seleccionando aquellas organizaciones en cada pa?s con experiencia de participaci?n en la gesti?n de recursos naturales, donde la gente es la raz?n de ser principal. Otro ejemplo es la identificaci?n y an?lisis de casos exitosos de regeneraci?n ecol?gica. Otro son las visitas de las autoridades locales electas y regionales, y t?cnicos y expertos, a los lugares donde los agricultores han regenerado sus tierras. El cuarto ser?a ayudar a la gente a aprender de otros agricultores. Quinto mecanismo podr?a ser el establecimiento de instituciones municipales, para la tarea de gesti?n de los ?rboles, donde probablemente los aspectos t?cnicos del ?rea sean sencillos y donde los factores de capital social son m?s complejos. Otro ser?a la incorporaci?n de la regeneraci?n ecol?gica en los proyectos m?s amplios de desarrollo agr?cola nacional. Atender a los medios de comunicaci?n local, nacional o internacional para mostrar la transformaci?n de los sistemas de producci?n a trav?s de pel?culas es otro mecanismo. Y, otro ser?a buscar compromisos a largo plazo para la regeneraci?n ecol?gica de todas las partes interesadas. Finalmente, el desarrollo de las actividades de investigaci?n en la regeneraci?n ecol?gica (Reij, 2011: 93-98). Otro problema significativo del cambio clim?tico se deriva de la industria de la alimentaci?n y concierne a los tipos de dieta. Aqu? la industria agr?cola es una de las causas del cambio clim?tico. La agricultura en los pa?ses en desarrollo puede ser una de las fuentes principales de emisiones de gases de efecto invernadero, a?n sin industria pesada, debido a la participaci?n espec?fica en la deforestaci?n. Anna Lapp? (2011), cofundadora de la Fundaci?n Planeta Peque?o y autora de Diet for a Hot Planet: The Climate Crises at the End of Your Fork and What You Can Do About It, provee algunos datos en emisiones de di?xido de carbono como resultado de la p?rdida de bosques. Menciona que representa el 17% de las emisiones antropog?nicas y la producci?n de ganado el 18%. Las emisiones de gases invernadero derivadas de la comida se producen en cada paso de la cadena alimentaria: el trabajo de la tierra, el procesamiento, empaquetamiento, transporte, comercio, restaurantes, consumo dom?stico y residuos. A pesar de ello, los agricultores innovadores en todo el mundo, quienes utilizan los principios de la agricultura ecol?gica muestran el potencial de las explotaciones sostenibles para alimentar a la gente sin contribuir a la crisis clim?tica. El punto clave es no depender del petr?leo. Estas explotaciones ecol?gicas pueden ayudar al mundo a adaptarse al cambio clim?tico. Los Revista de Estudos Sociais | Ano 2014, N. 31, V.16, Pag. 91 fen?menos meteorol?gicos extremos ocurrir?n con mayor frecuencia. Un sistema de alimentaci?n sin fertilizantes, pesticidas, y que usan t?cnicas para cubrir los suelos, rotar las cosechas, cultivando con insectos beneficiosos, va creando un suelo sano (Lapp?, 2011: 100-101). Lo que la gente come es esencial para contribuir al calentamiento global o mitigar sus efectos negativos. Aunque es un tema muy sensible, es necesario discutirlo, debido a los cambios en el dietario con los ingresos mayores en los pa?ses en desarrollo, crece un mayor n?mero de vacuno. 4. LA AGRICULTURA URBANA: COMO ALIMENTAR LAS CIUDADES Podemos ver que hay un contrate dr?stico entre gente rica y pobre en las ciudades de los pa?ses en desarrollo. Hay viviendas en las ?reas ricas de estas ciudades que lo tienen todo: jardines, infraestructuras, servicios, confort y seguridad. Muy cerca de ellas hay, suburbios (slums): lugares donde las viviendas son muy precarias, s?lo barracas, sin servicios, sin comida, ni suministro de agua o energ?a, sin acceso o conexi?n con el resto de la ciudad (UN, Global Report on Human Settlements, 2003). La gente en los slums es muy vulnerable al crimen, a la inseguridad alimentaria, a la pobreza y malnutrici?n. Todos estos factores convergen juntos. Comprar comida, por ejemplo, puede representar el 80% del dinero de estos hogares pobres, dicen Nancy Karanja y Mary Njenga (2011), investigadoras del centro Urban Harvest, con sede en Nairobi, (Kenia). La gente urbana pobre est? hambrienta y en una situaci?n de desventaja en comparaci?n con los pobres rurales. Estas situaciones son extremadamente desafiantes, aunque se han encontrado algunas soluciones innovadoras que prometen ser una ayuda real, como cultivar alimentos para el consumo propio y para venderlos en los entornos urbanos. En el ?frica Subsahariana y en el mundo desarrollo diferentes comunidades han creado sistemas de agricultura urbana adaptados a lugares espec?ficos, que remiten a factores nutricionales cr?ticos, igualdad de g?nero, ingresos y seguridad alimentaria. Las autoras proveen una tabla con innovaciones para nutrir las ciudades. Por ejemplo, huertos verticales para cosecha urbana en Kibera, Nairobi (Kenia); Peque?os huertos en ?frica Subsahariana; huertos en los tejados, como en Eagle Street, New York; comunidades agr?colas en Sud?frica (Katanja y Njenga, 2011: 118-119). Algunas ciudades tienen una larga historia en seguridad alimentaria que reduce el hambre de la gente m?s vulnerable. Las autoras mencionan que las encuestas de la segunda parte de los 90, en 24 ciudades de ?frica y Asia, muestran que la gente de los hogares pobre quienes practicaban agricultura urbana ten?a mejores dietas y nutrici?n, y sol?an comer m?s. Datos de Kampala (Uganda) en los 90 muestran que los ni?os de los hogares que practicaban agricultura urbana estaban mejor alimentados en comparaci?n con aquellos hogares que no lo practicaban. Cultivar la propia comida hace posible ahorrar dinero, y es una fuente de trabajo e ingresos, ambos muy necesarios cuando se vive en los slums. Estos ahorros pueden ir para la educaci?n de los ni?os, ropa, y cualquier otra necesidad dom?stica (Karanja y Njenga, 2011: 118). Ano 2014, N. 31, V. 16, Pag. 92 | Revista de Estudos Sociais Cultivar comida en las ciudades genera claros beneficios a varios niveles sociales como una nutrici?n segura, creaci?n de comunidad, y mejoras en el estatus de la mujer y del medio ambiente. La agricultura urbana mejora la seguridad alimentaria en muchas ciudades y es un instrumento positivo para los grupos vulnerables. Hay alrededor de 800 millones de personas que practican la agricultura urbana en el mundo, que producen entre el 15-20% de la alimentaci?n mundial. De estos, 200 millones producen alimentos para los mercados comerciales urbanos y suministran unos 150.000 millones de puestos de trabajo. Las proyecciones para el a?o 2020 son que entre 35 y 40 millones de africanos viviendo en las ciudades depender?n de la agricultura urbana para cubrir sus necesidades alimentarias. De esta manera podr?an obtener el 40% de sus calor?as diarias y el 30% de sus necesidades prote?nicas. (Karanja y Njenga, 2011: 119-120). Hay algunas ventajas de producir alimentos en las ciudades comparadas con las zonas rurales: la proximidad de los mercados, bajo costes de transporte y una reducci?n en las p?rdidas que siguen a la cosecha, ya que hay menos tiempo entre cosechas (Karanja y Njenga, 2011: 120). Las mujeres tienen un papel importante en este proceso. Trabajan juntas, aprenden y se ense?an unas a las otras, comparten cualquier informaci?n y conocimiento de los mercados o de cualquier plantaci?n que hagan. Los lazos sociales y comunitarios entre ellas son especialmente relevantes, particularmente cuando hay indigencia, donde la esperanza emerge con mayor claridad. Construir comunidades es otra dimensi?n que emerge de la agricultura urbana. Es el resultado de la interacci?n social que crean los j?venes, las mujeres y los grupos vulnerables de autoayuda. Se encuentran como resultado de estar implicados en la agricultura urbana y tienen la oportunidad de organizar e intercambiar informaci?n. Otra manera de construir comunidades en las ciudades son los huertos escolares, y que extienden curr?culos extraescolares. Los estudiantes adquieren conocimientos pr?cticos de como plantar, cultivar y cosechar alimentos, aprenden a la vez acerca de las cuestiones sociales relevantes como el liderazgo, la organizaci?n social y las responsabilidades. Las escuelas que tienen terrenos, agua y edificios, se han usado como agentes de diseminaci?n de ideas de la agricultura urbana y producen semillas. El ayuntamiento de Kampala, por ejemplo, ha abierto escuelas de extensi?n para preparar y proveer soporte t?cnico y material a los agricultores urbanos, mientras muchas escuelas primarias tienen huertos para ense?ar sobre agricultura urbana y nutrici?n a sus estudiantes (Ssekyewa, y otros, 2007: 149-163). Las mujeres que hacen lo mejor posible para alimentar a sus familias, a veces en situaciones muy dif?ciles, son las que adem?s nutren las ciudades y necesitan soporte institucional. La agricultura urbana puede ayudar a mejorar la calidad del entorno. La gente pobre en las zonas urbanas es inteligente y reciclan los residuos para hacer compost. Haciendo esto reducen la poluci?n que las ciudades deben encarar y tratar con los residuos agr?colas e industriales. En Kenia, por ejemplo, los restos org?nicos son usados ampliamente, y tambi?n reutilizar el agua residual es una pr?ctica extendida en muchos pa?ses como China, Egipto, M?jico, Per?, Vietnam, ha sido una fuente de nutrientes para cultivar. Al menos 2 millones de hect?reas de tierra en los pa?ses en desarrollo son regados usando agua residual (Lee-Smith y Lamba, 1991: 37-40). Revista de Estudos Sociais | Ano 2014, N. 31, V.16, Pag. 93 Por otro lado, la silvicultura tambi?n beneficia el medio ambiente local. Los ?rboles contribuyen en producir sombra, frutos, y frutos secos. Los ?rboles sirven tambi?n como rompe vientos, estabilizan el suelo y disminuyen la erosi?n, as? como, mejoran la calidad del aire y del agua que va a los acu?feros. Los ?rboles en las ciudades son una verdadera ayuda en la disminuci?n de di?xido de carbono, embellecen la zona y preservan la biodiversidad. Los bosques pueden reducir la contaminaci?n del aire y mitigar los efectos de las tormentas y lluvias torrenciales en las ciudades. Todos estos factores combinados conjuntamente contribuyen a la sostenibilidad de los centros urbanos. Los investigadores de las decisiones pol?ticas y de los planificadores urbanos han entendido que los bosques urbanos ayudan a mejorar la vida y el trabajo en las ciudades (Karanja y Njenga, 2011: 123-124). 5. DISCUSI?N En esta ?ltima parte del art?culo quiero discutir tres aspectos diferentes. El primero relacionado con la cuesti?n central del art?culo. ?Puede la agricultura ecol?gica alimentar el mundo? ?Puede satisfacer la demanda mundial de alimentaci?n? O, en t?rminos macro-estructurales, ?s?lo la agricultura intensiva puede hacerlo? El segundo, est? relacionado con el poder y la pol?tica, y ?a qui?n pertenece tomar las decisiones que afectan a la nutrici?n del planeta? ?Tal vez caiga del lado de las comunidades y la gente en un nivel micro-econ?mico? O, ?debe ser una cuesti?n de estructuras macro-econ?micas? ?Tiene la gente, sus familias y comunidades, suficiente margen para decidir c?mo gestionar los cultivos de alimentos? O, ?ello es dado para beneficio de las macro- corporaciones e instituciones macro-gubernamentales? El tercer aspecto, est? relacionado con aquellas formas que capacita a la gente a encontrar soluciones para su pobreza y hambre; sus habilidades para innovar y buscar soluciones reales haciendo m?s resilientes a las comunidades, empoderando a su gente. Hay actualmente suficientes ejemplos de buenas organizaciones en el mundo, que muestran que un cambio social importante est? emergiendo, cambiando el equilibrio de poder en favor de la gente, y reduciendo los m?rgenes de ganancias de los mercados globales y las corporaciones. Millones de personas est?n tratando con soluciones ecol?gicas en sus econom?as locales, est?n trabajando en micro proyectos y encuentran verdaderas alianzas en m?todos sostenibles de cultivos, aunque todav?a no tenga peso cuantitativo suficiente. El bien com?n est? en el horizonte de la gente pobre que vive en los slums, donde la pobreza y el hambre la ven y la sienten como propias. En relaci?n con el primer punto, quiero a?adir una reflexi?n en la conversaci?n de la controvertida cuesti?n que aparece en muchos debates sobre alimentaci?n, acerca de la habilidad de la agricultura intensiva para alimentar el planeta como la ?nica v?a posible que tenemos delante, al ser una noci?n imprecisa y confusa. Debemos a?adir a estos debates la necesidad de cambiar que tiene la sociedad y el medio ambiente, y que justifica el apoyo a la agricultura ecol?gica. El sistema de alimentaci?n mundial actualmente est? basado en una estructura macro econ?mico, dirigida a incrementar constantemente los Ano 2014, N. 31, V. 16, Pag. 94 | Revista de Estudos Sociais dep?sitos de capital, mientras deja de lado los costes sociales y ambientes, sin contabilizarlos. Y, el sistema social mundial est? todav?a enraizado en las comunidades, aunque ?stas puedan romperse con la globalizaci?n, a?n est?n presentes sus ra?ces y pueden rehacerse f?cilmente, como los ?rboles de un bosque, o los fondos del oc?ano, s? se les deja sin interferir o estorbar. Cuando el sistema social es desestabilizado en cualquier pa?s o regi?n, empiezan a establecerse lazos entre la gente, generando solidaridad, y una tendencia emerge hacia la reconstrucci?n de la cohesi?n social. Es una dimensi?n natural que junta a la gente. Empuja a las comunidades, a la gente, a las familias intentar y explorar su fortaleza y resiliencia. Podemos encontrarlo actualmente en muchos lugares del mundo. Los problemas socio econ?micos que enfrentamos hoy en d?a son demasiado grandes para ser entendidos por cualquier persona. En cualquier campo dado, alimentaci?n, energ?a, movilidad, agua, y muchos otros, la misma estructura de estos problemas son muy grandes, complicados y confusos. La implementaci?n de los mercados globales como norma principal del comercio ha establecido la mentira como la norma. La se?ales que se env?an est?n lejos de ser verdad, contrariamente est?n hablando de una ficci?n, lejos de la realidad. Los problemas ambientales, especialmente el cambio clim?tico son tan intensos, que cualquier proyecto social para rescatar la situaci?n es impredecible. Cualquier experimento con suficiente capacidad de motivar a la gente y que devenga un movimiento social es una referencia a considerar seriamente. Sea en las zonas rurales o en los barrios urbanos, los proyectos de agricultura ecol?gica son todav?a peque?os experimentos, pero son rutas claras para liderar una salida al colapso en cualquier lugar del mundo, para al menos las tres cuartas partes del mundo que no est?n considerados dentro del dise?o de los mercados globales. En este art?culo he acercado ejemplos que refieren estas nociones, mostrando la resiliencia de la gente. Ha empezado a transferirse estas pr?cticas y resultados a otros lugares. La federaci?n de pobres urbanos, suelos compartidos, y presupuestos participativos son ejemplos de innovaci?n que llevar a repensar de quien es la ciudad, a quien pertenece y como funciona (Perlman y O?Meara Sheehan, 2007: 181). 6. BIBLIOGRAFIA Adam, Barbara. (1998). Timescapes of Modernity. London, Routledge. Brown, Lester R. (2002). Ecoeconomia. Barcelona, Centre UNESCO de Catalunya. Buck, Louise; Scherr, Sara. (2011). ?L?ecoagricultura com a norma?, en L?estat del m?n 2011. 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