Salabert, Pere, 1945-2017-04-242017-04-2420031579-2641https://hdl.handle.net/2445/109954A la Venus romana, asimilada desde el siglo II a. C. a la griega Afrodita, diosa del Amor y la Belleza, con rasgos derivados de su primitiva función de protectora de los huertos, se le atribuye el mes de abril con el despertar de la naturaleza. No necesitamos retroceder hasta la antigua Ishtar, ni aludir a la prostituta sagrada que copula con su esclavo antes de echarlo al fuego: tan lejos como vayamos a mirar, Venus es la clara expresión de la existencia humana, contradictoria, hecha de satisfacción y espanto, vida y muerte en una sola figura. Es garantía para la fecundación de las flores y la maduración de las plantas, pero a este poder le suma el de disolver las uniones legales induciendo al adulterio con pasiones irrefrenables. Con un contenido simbólico radical, Venus es la naturaleza en su doble cara: avidez de vida y fatalidad al mismo tiempo, puesto que ceñir su cinturón es sentir cómo crece en nuestro interior un deseo que ya no tendrá fin.18 p.application/pdfspacc-by-nc-nd (c) Salabert, Pere, 1945-, 2003http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/esTeoria de l'artArt theoryVenus monópoda y Marte soñador. Confidencias y recelos ante un cuadro de Botticelli.info:eu-repo/semantics/article5476502017-04-24info:eu-repo/semantics/openAccess