Ovejero Lucas, Félix2020-06-192020-06-192014-112386-429Xhttps://hdl.handle.net/2445/166293Cuando comenzó la crisis económica en la que todavía andamos, no faltaron voces que proclamaron el fin del capitalismo. No era la primera vez, aunque en esta ocasión las voces resultaron ser particularmente numerosas. Y diversas, porque, a su manera, también lo dijeron no pocos conservadores, como Sarkozy con aquello de que "la autorregulación para resolver todos los problemas, se acabó; "le laissez faire, c'est fini", y que había que "refundar el capitalismo sobre bases éticas, las del esfuerzo y el trabajo, las de la responsabilidad". Las acusaciones apuntaron tanto al sistema como a sus gestores o, para decirlo con un léxico más aséptico y mejor ajustado, al diseño institucional y al perverso sistema de incentivos. Si el primero había desencadenado unos enormes costurones en el bienestar, el segundo había alentado conductas indecentes y, además, allanado el camino a que unos miserables acumularan fortunas con la codicia y el egoísmo como fuentes de actuación, y la mentira y la temeridad irresponsable como pautas de comportamiento.8 p.application/pdfspa(c) Ovejero Lucas, Félix, 2014CapitalismeCrisi econòmica, 2008-2009Esquerra (Ciències polítiques)CapitalismGlobal Financial Crisis, 2008-2009Left (Political science)Crisis e izquierda reactivainfo:eu-repo/semantics/article6501132020-06-19info:eu-repo/semantics/openAccess