Palés, J. L. (Jorge Luis)2017-04-242017-04-242016-10-072014-9832https://hdl.handle.net/2445/110025Hace ahora seis años, desde estas mismas páginas, en un editorial sobre el proceso de Bolonia [1], el profesor Albert Oriol afirmaba que la evaluación de las competencias constituía un gran reto para las universidades por diversos motivos. En primer lugar, por la falta de experiencia institucional en dicho menester, por la complejidad que ello comportaba y, finalmente, por la falta de recursos disponibles para llevar a cabo dicha tarea. Insistía en el hecho de que las universidades –y las facultades de medicina en particular– tenían una estructura organizativa departamental que dificultaba la migración desde una enseñanza fragmentada en asignaturas hacia la obtención de capacidades para el desempeño. Además, las facultades no habían optado todavía por disponer de unidades educativas de apoyo interdepartamental con experiencia en los procesos evaluativos. En segundo lugar, decía que debía considerarse que las competencias son constructos complejos de capacidades que se expresan en la toma de decisiones y en el desempeño. Se trata de conductas que, para su evaluación, a menudo precisan su observación por expertos evaluadores en condiciones idealmente estandarizadas y no sólo en momentos puntuales, sino a lo largo de todo el proceso educativo.2 p.application/pdfspa(c) Viguera Editores SL, 2016Educació superiorEnsenyament de la medicinaAvaluació dels estudiantsHigher educationMedicine educationRating of studentsHacia una nueva forma de evaluación en educación médica: la evaluación programáticainfo:eu-repo/semantics/article6683392017-04-24info:eu-repo/semantics/openAccess