Please use this identifier to cite or link to this item: http://hdl.handle.net/2445/41703
Title: Metafísica del alma humana
Author: Guiu, Ignacio, 1963-
Director: Forment, Eudald
Keywords: Metafísica
Ànima (Filosofia)
Issue Date: 27-May-1991
Publisher: Universitat de Barcelona
Abstract: Con esta tesis me propongo una comprensión radical del alma humana en términos de ser. Un estudio del alma "ut ens, ut habens esse". La composición real de esencia y ser es la clave que nos permite definir metafísicamente a todo ente finito y desentrañar así su estructura última y más profunda. Ahora bien, como la verdad se funda en el ser más que en la esencia, "veritas fundatur in esse magis quam in quidditate" (In I Sent., d. 19, q. 5, a. 1), la verdad del alma y, en consecuencia, la del hombre, se debe buscar en la determinación del ser del alma. Mi propósito, en definitiva, es llevar a cabo una "reductio ad esse", considerando al alma como "habens esse", como propietaria y participante de un acto de ser: descubrir en ella la composición real de esencia y acto de ser así como el grado en que la esencia del alma participa del ser, e iluminar aquellas cuestiones más fundamentales -espiritualidad, unión del alma al cuerpo como forma, inmortalidad, creación, etc.- desde el nivel del acto de ser. Siendo éste mi propósito, no pretendo estudiar el "problema del alma" en la historia de la filosofía, sino el alma misma, el alma real y concreta del hombre. La tesis se divide en tres partes. La primera, a modo de introducción, ofrece la fundamentación de la metafísica del alma humana. ¿Cuál es esta fundamentación? La metafísica del acto de ser. El ente es "id quod habet esse, id quod finite participat esse". Intento poner de relieve la noción capital de "esse", coprincipio metafísico intrínseco del ente junto con la esencia, actualidad de todas las cosas, incluso de las mismas formas. Descubrimos así ese nivel último del acto en el que las mismas formas son potencia: el nivel del acto de ser. La forma es acto en el orden predicamental, donde la materia es potencia. Pero la forma sola -si es subsistente por sí o espiritual- o la forma con la materia constituye a su vez la potencia de ser, la potencia en el orden trascendental. Toda forma se resuelve en ser como potencia de ser: la forma con la materia, en el caso de los entes corpóreos, donde la materia participa del ser mediante la forma que la actualiza; o la forma sola, en los entes espirituales, donde la forma tiene directamente y por sí -sin necesidad de materia- potencia de ser. Insisto en la relación forma-ser porque es una de las claves de la metafísica del alma humana. Primero es el ente. Segundo, el conocimiento del ente. Y tenemos un conocimiento metafísico del ente cuando consideramos al ente en cuanto ente. "De quolibet ente inquantum est ens, proprium est metaphysici considerare" ("In VI Meraph"., lect. 1, n. 1147). Y estudiar al ente en cuanto ente es estudiarlo en cuanto "es" radicalmente por su acto de ser. "Esse dictlur actus entis in quatum est ens" (Quodl, IX, q. 2, a. 2c). Por eso, mi investigación es estrictamente metafísica porque estudio al alma en cuanto es ente, como propietaria y participante de un acto de ser. Ahora bien, dos son los grandes movimientos de la mente para proceder en el conocimiento de la verdad y en la adquisición de una ciencia: la resolución y la composición. Para adquirir un conocimiento metafísico del alma, sigo yo también una "via resolutionis" y una "via compositionis". La "vis resoltrionis", avanzando de acto en acto, y desde lo más extrínseco a lo más intrínseco, partirá desde las operaciones vitales (acto formal segundo) hasta el alma humana (acto formal primero), y desde el alma hasta el ser (acto primero / "simpiciter"). Una vez alcanzado el ser del alma, la "vis compositionis" procederá a extraer todas las consecuencias de su peculiar perfección y dignidad, en cuanto substancia espiritual y forma del cuerpo. Quedan de este modo configuradas la segunda y tercera parte de la tesis. Inicio la segunda parte preguntándome por la cognoscibilidad del alma humana. No cabe recurso a la experiencia "externa". No es la realidad material la que nos da noticia del alma, sino el alma misma. "Mens semetipsam per selpsam novit", dirá San Agustín en el "De Trinitate" (lib. IX, c. 3, n. 3). Y así es. El alma conoce de sí misma que es ("quod est": conocimiento existencial) a través de sus actos. Pero el fundamento de este conocimiento actual es la substancia misma del alma, de donde dimanan los actos en los que se percibe inmediatamente."In hoc enim aliquis percipit se animam habere, et vivere et esse quod percipit se sentire et intelligere et alia huiusmodi vitae opera exercere" (De Ver., q. 10, a. 8c). Y el alma conoce de sí misma qué es ("quid est": conocimiento esencial) a través de la consideración de la naturaleza de la especie por la que entendemos y del acto. Anima humana intelligit seipsam per suum intelligere, quod esl actus proprius eius, perfecte demostrans virtutem eius et naturam"(S. Th., 1, q. 88, a. 2 ad3). Luego el alma se conoce a sí misma por si misma. Hay que acudir a la experiencia "interna" y considerar los "actos propios" que brotan desde el alma. Inicio la investigación atendiendo a la vida intelectiva. Partimos del acto de entender. Respecto al alma racional, hemos de tener en cuenta que no sólo recibe las especies inteligibles sin materia y sin las condiciones de la materia, sino que, además, en su operación propia de entender no participa órgano corporal alguno. Por tanto, el alma intelectiva actúa por si misma en cuanto que tiene una operación propia en la que no participa el cuerpo. Pero como cada cosa actúa según es, el alma intelectiva tendrá el ser por si absoluto, no dependiendo del cuerpo. El alma intelectiva es así substancia espiritual, porque posee el acto de ser por sí misma no dependiendo del cuerpo. Ahora bien, esta substancia carece de materia como parte suya. No está compuesta ex materia et forma. Es forma simple. Teniendo en cuenta estos dos aspectos, espiritualidad e inmaterialidad, el alma intelectiva queda caracterizada como forma habens esse per se absolutum, non dependens a corpore. Considerando la operación de entender, descubrimos el modo en el que el alma intelectiva posee y participa del acto de ser: es una forma sola que posee como propio y suyo el acto de ser, sin necesidad del cuerpo. Pero si el alma intelectiva es una substancia espiritual, ¿no será una substancia separada del cuerpo (substantia separata a corpore secundum esse)? No. El alma intelectiva es forma del cuerpo. Inhiere formalmente en este hombre. Substancia espiritual y, al mismo tiempo, forma del cuerpo. Asumamos el hecho de la unión de una substancia espiritual al cuerpo como forma, aunque no acertemos todavía a ver el Cómo de la unión. La argumentación es fundamentalmente aristotélica, pero su originalidad estriba en la apelación a la experiencia que cada uno tiene de ser él quien entiende. "Quien se empeñe en afirmar que el alma intelectiva no es forma del cuerpo, es necesario que indique el modo por el que esta acción que es entender es la acción de este hombre: pues cada uno experimenta ser él mismo quien entiende (experitur enim unusquisque seipsum esse qui intelligit)" (S. Th., 1, q. 76, a. le). Este hombre entiende. Hic homo intelligit (experiencia inseparable de aquella otra, ipse idem homo est qui percipit se et intelligere et sentire, que me permite experimentarme como corpóreo, aunque no todo en mí sea cuerpo). La argumentación es la siguiente: Este hombre entiende. Ahora bien, una cosa actúa en cuanto es en acto. Y algo es en acto por la forma. Luego aquello por lo que primeramente algo actúa es forma. Pero el alma intelectiva es aquello por lo que primeramente este hombre entiende. Luego el alma intelectiva es forma del hombre, forma del cuerpo humano. El alma intelectiva es substancia espiritual y, al mismo tiempo, forma del cuerpo. Pero, ¿cómo puede ser forma de un ente corpóreo un principio que no depende intrínsecamente del cuerpo? La dificultad se desvanece cuando entendemos que toda forma se resuelve en ser como potencia de ser. Forma, in eo quod est forma, non habet dependentiam ad materiam (De ente et essentia, c. 5). La forma en cuanto forma no depende de la materia, sino del Ser. La misma esencia de la forma se compara al ser como la potencia a su propio acto. lpsa essentia formae comparatur ad esse sicut potentia ad proprium actum (De Anima, q. un., a. 6c). Esta comprensión metafísica de la forma nos permite distinguir dos aspectos: uno, comunicar el ser a la materia, dar a participar el ser a la materia; otro, depender de la materia. Lo propio de la forma de un ente corpóreo en cuanto forma es comunicar el ser a la materia corporal (forma dat esse materiae). Por eso, el alma intelectiva en cuanto forma da a participar el ser al cuerpo (igual que las demás formas naturales). Es acto de una materia, informa al cuerpo. Ahora bien, en cuanto tal forma peculiar (por su dignidad y nobleza), el alma intelectiva hace partícipe a la materia corporal de un ser que pertenece al alma como propio (a diferencia del resto de las formas naturales, que comunican a la materia un ser que pertenece únicamente al compuesto). El alma intelectiva subsiste sin necesidad de informar al cuerpo. Anima illud esse in quo ipsa subsitlit, communicat materiae corporali, ex qua et anima intellectiva unum, ita quod illud esse quod est totius compositi, est etiam ipsius animae (S. Th., 1, q. 76, a. I ad5). En cuanto trasciende el ser de la materia corporal, siendo capaz de subsistir y obrar por sí misma, el alma intelectiva es substancia espiritual. Pero en cuanto alcanzada por la materia y comunicando su propio ser a la materia, el alma intelectiva es forma del cuerpo. Siendo substancia espiritual, forma habens esse per se, el alma intelectiva está compuesta ex forma et esse participatio (igual que el ángel, ya diferencia del resto de las formas naturales, que están compuestas ex materia et forma, et esse participatio). Pero adquiere un ser inferior y menos noble, en el que viene a participar el cuerpo (el ángel, por el contrario, adquiere un ser tan alto y tan noble, que el cuerpo de ningún modo puede participar en él). De esta alma y de este cuerpo resulta un solo acto de ser en un único compuesto, aunque dicho acto de ser, por pertenecer al alma, no depende del cuerpo. El alma intelectiva es forma subsistente (forme, habeas esse per se), pero forma de una materia, no por la que es sino en la que es (non ex qua est, sed in qua est). El alma intelectiva participa del acto de ser por sí misma, no dependiendo del cuerpo. Y este ser participado en el que ella misma subsiste lo comunica a la materia corporal, que viene así a participar del ser propio del alma, aunque no tan noblemente como ella. La verdad que encierra esta comprensión metafísica del alma humana como substancia espiritual y forma del cuerpo, pero en términos de ser, pone en marcha ese movimiento descendente de la mente, la vía compositionis, extrayendo toda una serie de consecuencias que configuran una visión profunda del hombre. Siendo forma substancial, el alma intelectiva es la única forma substancial y la única alma del hombre. Algo por lo mismo que es, es uno. Luego propio de una cosa es tener un único acto de ser y, por lo mismo, un único ser substancial. Pero la forma substancial es la que participa directamente del acto de ser: es ella la que da el ser substancial al ente. Por lo tanto, lo propio de una cosa es poseer una única forma substancial. Como el alma intelectiva es la forma substancial del hombre, ella es su única forma substancial. Única es la forma substancial porque único es el acto de ser de un ente. Queda así plenamente garantizada la unidad esencial del hombre, que tiene en el esse su fundamento último. Se puede llegar a la misma tesis considerando que el alma intelectiva se une inmediatamente a la materia, sin intermediarios. El alma intelectiva se une a la materia como forma substancial. Ahora bien, (esto es lo que debemos demostrar), la forma substancial se une inmediatamente a la materia. Luego el alma intelectiva se une inmediatamente a la materia. Y, ¿por qué la forma substancial se une inmediatamente a la materia prima? Porque da el acto de ser a la materia, y el acto de ser es el acto primero. Primum inter omnes actus est esse (S. Th., I, q. 76, a. 6c). Ahora bien, si el alma intelectiva es la única forma substancial y la única alma, el hombre, por el alma intelectiva, no sólo será hombre, sino animal y viviente y cuerpo y substancia y ente. In hoc homine non est alia forma substantialis quam anima rationalis; et quod per eam homo non solum est homo, sed animal et vivum et corpus et substantia et ens (De Spir. Creat., q. un., a. 3c). La misma alma intelectiva es principio de todas las operaciones que tienen lugar en el hombre, no sólo en la esfera intelectiva, sino también en las esferas sensitiva, vegetativa y física, que quedan de este modo como espiritualizadas. Cualquier acción del hombre lleva la impronta del espíritu y debe estar sometida a él. La solución tiene como base la noción de ser como acto que incluye virtualmente toda perfección de ser inferior, según el grado en que es participado. Destacaré ahora algunos aspectos que se siguen del alma como substancia espiritual. El hombre posee la dignidad personal. Por persona indicarnos la excelencia de un supuesto que participa más plenamente de la perfección de ser en cuanto que la naturaleza en que es recibido su ser es de un orden superior al meramente corpóreo: es la naturaleza espiritual, por la que el supuesto es capaz de entender y amar. Pero como la persona es el supuesto, el hombre, mejor este hombre, es persona humana no sólo por el alma espiritual sino también por el cuerpo. Es persona humana por la unión de esta alma y de este cuerpo, en los que subsiste como ente singular. La inmortalidad es aquella cuestión que todos más desean conocer acerca del alma. La argumentación se formula en términos de ser y de participación. A toda forma le compete de suyo el ser (esse per se consequitur formam, esse per se convenit formae). Toda forma es de suyo participante del ser. Ahora bien, hay formas que les compete el ser únicamente en el compuesto. Participan del ser juntamente con la materia y por la materia: la forma participa primera y propiamente del ser, y ella lo da a participar a la materia, de tal manera que el acto de ser pertenece sólo al compuesto. Es una forma por la que algo es (forma quo aliquid est). Luego esta forma dejará de ser, per accidens, cuando el compuesto, por indisposición de la materia, deje de Ser. Se corrompen!, accidentalmente, al corromperse el compuesto. En cambio, hay formas que les compete el ser por sí mismas y no únicamente en el compuesto. Participan del ser sin necesidad de materia. La forma sola tiene el acto de ser por sí misma y en sí misma. Es una forma propietaria del ser (forma habens esse). Luego esta forma no puede dejar de ser. Ahora bien, el alma humana es una forma habens esse: tiene el acto de ser por sí misma, sin necesidad del cuerpo, como atestigua su operación propia de entender. Luego no puede dejar de ser, No se corrompe ni siquiera accidentalmente al corromperse el compuesto humano. El hombre muere, sí, pero el alma es inmortal. Inmortalidad que es personal. Como el cuerpo no es causa (sino sólo ocasión) de la individuación del alma, destruido el cuerpo, no desaparece la individuación del alma humana. Siendo de naturaleza espiritual, el alma humana sólo puede ser hecha por Dios. Cada alma humana es directa y propiamente creada por Dios, dándole en propiedad un acto de ser inédito. Dios crea toda la substancia del alma. Es una obra sólo suya. Dios, porque quiere a la persona humana en sí misma y por sí misma, la crea dándole un acto de ser propio. Capaz, por consiguiente, de actos propios, dueña de su obrar. En definitiva, la crea libre. Y la crea libre para que libremente, por sí misma, ponga a Dios como fin de todo su obrar.
URI: http://hdl.handle.net/2445/41703
ISBN: 9788469333372
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