La Piedra del Sol: notas sobre la concepción del tiempo entre los aztecas

dc.contributor.authorOcampo, Estela, 1950-
dc.contributor.authorBidón-Chanal, Carlos
dc.date.accessioned2017-02-27T11:20:56Z
dc.date.available2017-02-27T11:20:56Z
dc.date.issued1981
dc.date.updated2017-02-27T11:20:56Z
dc.description.abstractLas líneas que siguen. parten del convencimiento, presente ya en la reflexión antropológica desde los estudios de B. L. Whorf sobre el lenguaje de los hopi, de que las categorías de espacio y tiempo no son universales de la humanidad, en un sentido pleno, sino que, en buena medida,deben de considerarse como prerrogativas de cada cultura. Y si bien Whorf eligió el ámbito lingüístico para mostrar la posibilidad de ausencia de una intuición general del tiempo, nosotros tratamos de poner aquí de manifiesto que las diferencias específicas en la concepción de la temporalidad pueden detectarse en el terreno de las artes visuales. El ejemplo escogido es el de la Piedra del Sol, monumento erigido en 1479 por Axayacatl, sexto monarca azteca, y que ha llegado a ser emblemático de toda una civilización. La Piedra del Sol consiste, formalmente, en un gran círculo que lleva esculpidos toda una serie de círculos menores, a manera de anillos, que separan distintos órdenes de elementos. Dichos anillos están dispuestos concéntricamente en torno a un círculo central, donde aparece representado el rostro de una deidad; ésta se ha identificado comúnmente con el sol, Tonatiuh, pero también se ha sugerido que se trataba de la cara de la diosa de la tierra, Tlaltecuhtli (Navarrete, Heyden, 1974; K6hler, 1979). La divinidad en cuestión está rodeada por cuatro figuras representativas de cuatro fechas en el calendario ritual o tonalpohua/li: 4 Ocelotl (4 tigre), 4 Eecatl (4 viento), 4 Quiahuitl (4 lluvia), 4 Atl (4 agua); estas fechas son, respectivamente, las de los cataclismos que pusieron fin a cada una de las eras que, en la cosmología azteca, precedieron a la actual y que estuvieron presidldas, en cada caso, por un -sol» nombrado de acuerdo con el signo de su día final (cuyo nombre alude, por consiguiente, a la catástrofe determinante del fin de su reinado). El conjunto de la deidad central y las cuatro fechas está enmarcado por un gran signo ol/in (movimiento), uno de los nombres de días en el calendario ritual, que, completado con el numeral 4 que aparece intercalado entre los símbolos de las eras pasadas, compone a su vez una fecha: 4 Ollin, día final de la era actual, asociada así a un sol. cuyo destino es el de sucumbir a causa de un terremoto.
dc.format.extent13 p.
dc.format.mimetypeapplication/pdf
dc.identifier.idgrec031049
dc.identifier.issn0520-4100
dc.identifier.urihttps://hdl.handle.net/2445/107448
dc.language.isospa
dc.publisherUniversitat de Barcelona
dc.relation.isformatofReproducció del document publicat a: http://www.raco.cat/index.php/BoletinAmericanista/article/view/98413
dc.relation.ispartofBoletín Americanista, 1981, vol. 31, p. 173-185
dc.rights(c) Universitat de Barcelona, 1981
dc.rights.accessRightsinfo:eu-repo/semantics/openAccess
dc.sourceArticles publicats en revistes (Antropologia Social)
dc.subject.classificationAntropologia
dc.subject.classificationAsteques
dc.subject.otherAnthropology
dc.subject.otherAztecs
dc.titleLa Piedra del Sol: notas sobre la concepción del tiempo entre los aztecas
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/article
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/publishedVersion

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